jueves, 26 de junio de 2008

Un adios A un viejo amigo

.



.




Llegamos todos al parque del mar donde seria sepultado el padre de mi amiga Silvia

Se llamaba José Fuentes, por lo que nos han contado muy deportista, alegre con un buen carácter, cuatro hijos y muchos nietos, los cuales lo adoraban.

Estábamos todos ahí esperando al cura que dirigiría la misa y de repente entro un señor de un abrigo largo y negro, con bastón, ojos cansados y llorosos, seguramente por el fallecimiento de don José, me sorprendió al verlo, su presencia no pasaba inadvertida , sentí como algo especial en el, y claro, el esposo de Silvia , me contaba que era su amigo de la infancia , con el que jugo muchas veces a la pelota , de hecho jugaron por el Colo_Colo…y seguramente se guardaron muchos secretos entre ellos. Esa era la gran presencia que sentía…había llegado su amigo ese que casi todos tenemos, el que nos ama incondicionalmente, el que siempre esta ahí, el que nos alienta y también nos hace ver en muchas ocasiones la realidad, que cuando pisamos en falso nos dice No¡¡ es por el otro camino, cuando nos metemos hasta el cuello, ahí esta ese amigo, nos toma la mano y con fuerza nos saca del lodo, siempre incondicional.

Salimos luego de la capilla con el difunto, caminamos un largo rato al lugar en donde seria sepultado, y ahí estaba él, caminando despacio, con los pies ya pesados por el paso del tiempo, por el paso de muchas primaveras en su vida, ya con las hojas amarillas como las de un árbol en otoño, si hasta su bastón se veía gastado, me pasaban cosas por dentro y a ratos que lo miraba, me emocionaba y lagrimas cargadas de admiración corrían por mis mejillas.

Luego que nos detuvimos y llegamos al lugar de la sepultura de don José, se iniciaron algunos agradecimientos de los seres queridos a quien ya había pasado de la vida a la vida eterna ¿o debo decir de la muerte a la vida? Y Ahí estaba el nuevamente con su figura cargada de tantos recuerdos buscando la manera de comunicar a su amigo ya fallecido que el estaba ahí, junto a él, presente por siempre, dando un pequeño gran discurso lo despidió y con sus mano le hizo una seña como diciendo “tarea cumplida” se retiro hacia atrás esperando el. descenso de su amigo.

Tampoco sus palabras pasaron inadvertidas, pues hablo de algunas cosas que solo ellos conocían, su semblante triste pero lleno de esperanzas sabiendo que en algún invierno no muy lejano se encontraran ellos dos.

Algunos versos, algunos amigos

.





Ruido de pasos

En devotas noches
íntimos deseos
descalzos caminan
buscando sin ser vistos florecer
otros ya de regreso
cansados se quedan
deshojando en junio.

-Maharshis Ponce.








Un presente a la soledad.

Soledad en mis horas

En mis horas de calma...

He escrito estas letras,

Que te alegren el alma...

Esa alma sensible

Soledad que batalla..

Por salir adelante,

Del lugar que se halla...

He hallado una niña,

Una niña mujer...

Cuyos ojos reflejan,

Un inmenso querer...

He querido mirarla,

Y sentirla mas cerca...

Atravesando el umbral,

De una puerta ya abierta...

Abierto me siento,

A saber mas de ella...

Y hacerle saber,

Que su voz es muy bella...

Bella y dulce sin duda,

De su alma un espejo...

Que se muestra a mis ojos,

Como un bello reflejo.

j.f.